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dinastía zhou
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La tercera dinastía de la antigua china fue la Zhou, que se prolongó a lo largo de más de siete siglos, desde el 1027 a. de C. hasta el 221 a. de C., año que fue derrocada por la dinastía Qin. Tomando como divisoria cronológica el traslado de su capital, esta dinastía se divide en Zhou del Oeste (1027-771 a. de C.) y Zhou del Este (770- 221 a. de C.), subdividida a su vez esta última en otros dos periodos, el de Primavera y Otoño (770-403 a. de C.), y el de los Estados Combatientes (403-221 a. de C.).

Tras organizar una alianza militar para lanzar una expedición contra la dinastía Shang, Wuwang, primer soberano de la dinastía Zhou del Oeste, estableció su capital en Hao. Durante la minoría de edad de Chengwang, su sucesor en el trono, la regencia fue ejercida por Zhougong Dan, tío del infante. Los gobiernos de Zhougong, Chengwang y su sucesor Kangwang lograron mantener la estabilidad social y sofocar las sublevaciones, de ahí que esta etapa de la historia de China se conozca también como «el Gran Orden de los Reyes Chengwang y Kangwang».

En esa etapa se crearon el sistema esclavista basado en la propiedad de la tierra, el sistema patriarcal de los clanes y el sistema de los ritos. Durante el Periodo de Primavera y Otoño, caracterizado por el crecimiento económico y demográfico, los vasallos permanecieron enzarzados en guerras interminables. La producción de cereales se incrementó rápidamente gracias a la fabricación de aperos agrícolas, a la generalización de la labranza con bueyes, así como a los avances de la ingeniería hidráulica. Pero este fue también un periodo de transición marcado por la paulatina desintegración de la sociedad tradicional de la dinastía Zhou del Oeste.

En las postrimerías del Período de Primavera y Otoño nació Confucio, el más insigne pensador y pedagogo de la historia de nuestro país. Basándose en la cultura y el pensamiento antiguos, el gran maestro elaboró un cuerpo doctrinal —el Confucianismo— con el que trató de explicar y resolver los problemas éticos, sociales y políticos de la turbulenta época en la que le tocó vivir.

Pese a que entre el Período de Primavera y Otoño y el de los Estados Combatientes no existe un clara división cronológica, suele tomarse como inicio del segundo el 403 a. de C., año en que a raíz del reparto del territorio de Jin surgieron los estados de Zhao, Wei y Han. Decenas de pequeños y medianos territorios vasallos se exterminaron unos a otros en incesantes guerras de anexión a las que solo sobrevivieron los siete más poderosos: los estados de Qin, Chu, Yan, Han, Zhao, Wei y Qi. Entre las reformas que estos se vieron obligados a emprender para adaptarse a los cambios económicos y sociales, destaca la llevada a cabo por el estadista y filósofo Shang Yang en el estado de Qin.

Los interminables años de guerras no impidieron ni el avance de la cultura ni el surgimiento de una nueva capa social conocida como los shi, formada por hombres de letras cuyas actividades impulsaron el desarrollo de la vida cultural y académica. Con ellos, la filosofía de la antigua China llegó a su primer apogeo. Además de fomentar el progreso político y económico de la época, la dinámica rivalidad entre las numerosas escuelas de pensamiento ejerció una influencia tan poderosa que ha llegado incluso hasta nuestros días. Entre las que gozaron de mayor predicamento figuran el Confucianismo, con sus grandes maestros Confucio y Mencio; el Taoísmo, representado por Lao Zi y Zhuang Zi; el legismo, fundado por Han Fei; y la escuela de Mo Di, muy próxima al materialismo.

En el 230 a. de C., el rey de Qin emprendió la conquista del país. Al cabo de nueve años, es decir, en el 221 a. de C., terminó por imponerse a los otros seis estados y reunificó China, poniendo así punto final a seis siglos de división.